Estoy indignado por la campaña desplegada contra el Programa del Vaso de Leche que no explica sus problemas y, por lo tanto, no ayuda a superarlos. Les pido a todos preocuparse por este asunto. De manera sistemática se afirma una y otra vez que el Vaso de Leche está mal, con el propósito de recortarlo, si no de liquidarlo. El domingo 25 de julio en TV y ayer lunes en la prensa se afirma lo mismo. Examinemos los hechos:
1. La iniciativa municipal en Lima que en 1985 se convirtió en ley de la república, indicaba que toda persona menor de 6 años y las madres gestantes y nodrizas tenían la primera prioridad. No decía si debían ser personas pobres o ricas. El estimado de "un millón de vasos de leche" con que Barrantes ganó la elección en 1983 se hizo tomando en consideración a TODA la población de Lima, a condición que se organice. En San Isidro y La Molina también hubo (y seguramente hay) comités del vaso de leche. Finalmente, esos distritos tienen índices de desnutrición de 4% y 2% respectivamente.
Es evidente que las personas de mayores recursos no tenían interés ni necesidad de organizarse. Las familias de altos recursos se organizan en clubes y contratan a abogados y lobbystas para atender sus necesidades. Se trata de un subsidio universal a todo aquel que se organice, sin preguntar por sus ingresos, por el material de su vivienda, si tienen o no título de propiedad. Las mismas mujeres de los comités lucharon para que el beneficio se extienda a niños más creciditos (¿o es que el sistema de desayunos escolares llega al total de niños de los colegios que lo necesitan?), así como a los ancianos y tebecianos ¿Quién sino las mujeres --organizadas o no-- se hacen cargo de las personas enfermas o de la tercera edad? Ellas vieron en el Programa la oportunidad de alimentar a quienes son dejados a cargo de las mujeres de la casa. La señora que vimos el domingo 25 en canal 4 estaba repartiendo la leche a los vecinos. No era caridad; ellos están organizados. Que ella "no necesita" leche es tan cierto como que los parlamentarios no necesitan chofer, o que los generales no necesitan rancho, ni que las clases medias altas no necesitan el subsidio de MIVIVIENDA para comprar casas por un valor superior a 30,000 dólares. ¿Por qué no empiezan por allí? Por razones obvias, que no comparto.
2. Hoy encontramos más niños, más tebecianos (35,000 el 2007) y más ancianos. El Vaso de Leche o alimento sucedáneo es un subsidio universal que debe ampliarse para que siga siendo universal. ¿O es que quieren reducir ese derecho? La leche o alimento sucedáneo (muchas veces mejor que la leche) es la única parte del desayuno que se subsidia en las ciudades. ¿Se subsidia el sólido que la acompaña? ¿Se subsidia el arroz? ¿Se subsidia la gasolina? La respuesta oficial es: no vamos a ampliar este subsidio, vamos a repartirlo mejor, pero sólo a los más pobres que nosotros identificaremos antes de las elecciones. El programa debiera ampliarse y el insumo repartirse mejor; pero no se debe hacer sólo una de estas dos cosas. Un proceso que indique que se va ampliar el programa, pero que se requiere direccionarlo mejor pondría contentas a todas y ayudaría a solucionar los problemas actuales. Tendría que dar confianza primero y luego redireccionar las cosas.
3. Los estudios de la Universidad del Pacífico sobre la filtración han sido muy claros. Hay que leerlos bien y no sacar falsas conclusiones. La leche no se queda arriba; ella llega a los comités, pero ahora va a personas mayores de los 13 años. Si bien es cierto que algo puede quedarse en el camino, son las propias organizaciones las encargadas que el récord de denuncias policiales de alcaldes o Pronas que se quedan con la leche sea ínfimo, en relación a lo que se queda en las licitaciones que hacen las reparticiones públicas o las comisiones por compra de aviones Sukoi, de patrulleros, ambulancias y otras adquisiciones públicas. Esto se debe a la organización y vigilancia ejercida desde abajo. Concentrarse en la filtración que se produce abajo es indigno, pues no representa nada frente a la gasolina de los militares, los sueldos extra de los parlamentarios, las coimas o intercambio de favores por el cambio de uso de terrenos, las fuentes de financiamiento de los grandes candidatos, etcétera.
4. ¿Cuál es el gasto del Estado Peruano en este programa? Este es un asunto clave: El Estado gasta 362 millones de soles anuales en este subsidio alimenticio a todo el país. Ese dinero se destina única y exclusivamente a la compra de lo que los comités llaman "el insumo". ¿Va a la compra de combustible para prepararlo? No. ¿Va a la canela, el azúcar y el saborizante? No. No se gasta un centavo de esa cifra en cualquier insumo que no sea la leche o el alimento sucedáneo. Todo alcalde o regidor sabe que si el dinero no se utiliza en la compra periódica del insumo tendrá una revuelta en sus puertas. La ejecución de ese gasto es un modelo de puntualidad en el Perú.
Compárese esto con los 339 millones (apertura) aumentados a 354 del Programa de Desayuno Escolar, de los que sólo se han ejecutado 92 millones a junio de este año, según el SIAF. Según los padres de familia, ese desayuno no llega a todos los colegios. ¡Que va! Por lo demás, ese presupuesto también incluye gastos en servicios y no sólo en alimentos.
5. Pero lo más importante es que del presupuesto del Programa del Vaso de Leche no se destina un solo sol en pagos de personal ni equipo. Es como si el presupuesto del PRONAA no considerara a los choferes, a los almaceneros, a los funcionarios, a los jefezasos, a los que tienen carnet del partido de turno. No hay gastos en maternidad, en licencias por enfermedad, en vacaciones. No hay presupuesto alguno para el papel, el material de capacitación, la gasolina, el alquiler y mantenimiento de locales y almacenes. Los 362 millones de soles al año van para comprar alimentos para traerlos y para nada más. Todo lo demás es puesto por el sobre esfuerzo voluntario de las mujeres y una pequeña cuota pertenece a las municipalidades que aún no ven aumentar su esmirriado presupuesto. No se necesita ser un economista de la Universidad del Pacífico para afirmar que el costo beneficio de este programa para poner algo en la boca de los comensales, no tiene ni ha tenido parangón alguno con cualquier programa público o privado que conozca nuestro país. Poner el alimento y dejar que las comunidades hagan el resto es muy barato y eficaz.
6. La falta de personal de apoyo pagado con recursos públicos es un asunto muy grave, pues afecta la eficiencia del proceso, además de faltarle el respeto a la organización. Esta milicia de personas preparando y repartiendo alimentos no cuenta con presupuesto permanente para cursos de capacitación, para el control de peso y talla, para las medicinas de los niños que necesitan refuerzo, para complementar a un PADOMI de la tercera edad que no llega a toda esa población. ¿En qué lugar del planeta se ha visto una milicia espontánea y de nivel nacional dedicada a preparar alimentos para niños, ancianos y enfermos, que no reciba apoyo profesional competente y del más alto nivel? ¿En qué lugar se ha visto que miles de organizaciones efectúan sus procesos de elecciones sin una capacitación y el apoyo cariñoso y respetuoso de organismos tales como Transparencia o la misma ONPE (que debiera aprender a organizar procesos eleccionarios en grupos formados mayormente por mujeres que se las han tenido que ver solas en todo). ¿Hay buenos cursos de fortalecimiento de capacidades a las trabajadoras municipales que trabajan codo a codo con los comités de Vaso de Leche? ¿Se han organizado cursos regionales y nacionales para este personal? ¿Se ha premiado, se ha dado estímulo alguno al mejor personal que trabaja con los comités? ¿Se ha hecho un concurso para saber cuál es el mejor Comité de Vaso de Leche de cada región? No, no y no.
7. Si esta milicia de personas voluntarias sólo cuenta con un presupuesto para el insumo, resulta perfectamente explicable el desorden de los comités, el anquilosamiento del programa y la falta de voluntad para ampliar el programa a más ancianos y a los nuevos barrios que siguen surgiendo. De paso pregunto si esos nuevos barrios tienen agua y muros de contención. No ha habido seguimiento ni una política pública facilitadora y de capacitación a los comités. Como es normal en el mundo de las organizaciones, las personas en mejor situación económica relativa son quienes están en posibilidad de asumir las tareas del liderazgo, cuando éste es de carácter voluntario. Ellas intercambian su trabajo por prestigio social y reconocimiento en la comunidad. En el caso de las organizaciones con muchas mujeres, es quien ya crió a sus hijos y los sacó adelante o es quien tiene una renta estable quien puede dedicarle tiempo a las labores de organización. ¿Es que alguien pretende que una madre soltera que trabaja recogiendo en la calle botellas de plástico para destinarlas al reciclaje destine parte de su tiempo a la organización y las reuniones del comité? La señora que aparece frente a su domicilio repartiendo leche en el reportaje de René Gastelumendi para Cuarto Poder del 25 de julio, seguramente ya es abuela. Cualquier tasador valorará su vivienda --construida poco a poco-- en menos de lo que cuesta una camioneta cuatro por cuatro de lujo. Lo mismo se puede afirmar de la vivienda de la señora Britto, conocida lideresa fujimorista que es atacada por el hecho de haberse atrevido a poner vidrios oscuros (dizque "polarizados") frente a su casa, en donde resulta evidente que viven más de dos familias. ¿Se construyeron esas viviendas sumando tarros de leche? Tal vez una parte sí, tal vez no. ¿Las miles de dirigentas voluntarias son todas así? ¿Cómo hacen ellas para sufragar sus actividades? Los economistas no han hecho ese estudio y será mejor que no lo hagan, pues son incapaces de desentrañar lo que le cuesta a la gente organizarse y mantenerse con vida. Cuando encuentren y prueben la metodología para investigar cómo hace un funcionario de alto nivel para aumentar sus ingresos, que la apliquen después al “enriquecimiento” de quien cavó con sus manos los cimientos de una única vivienda bien pintadita y con vidrios estilo San Borja, pero con un segundo piso de pedazos de triplay. Lo que es cierto es que la primera señora entrevistada estaba repartiendo leche a sus vecinos, en vez de quedarse sentada viendo televisión en compañía de sus nietos.
8. El futuro del programa del vaso de leche no parte de la teoría de la ultra focalización que escinde "científicamente" a los pobres de los muy pobres rompiendo tejidos sociales que buscan ser sustituidos todos los días por masas de maniobra de la política actual. Por el contrario, empezará en el momento en que se valore el aporte de la comunidad organizada para velar por los suyos en una relación de estímulo mutuo que empieza por el alimento matutino y se abre a todos los campos de la vida. El futuro del Vaso de Leche parte por la decisión de trabajar con cuidado desentrañando la paja del trigo, respetando a organizaciones y personas acostumbradas a desconfiar de autoridades y políticos que las vienen usando como carne de cañón. Ese futuro estará signado por el respeto a las organizaciones de base, dando masivos cursos de capacitación, contabilizando su aporte propio en canela, en combustible y en tiempo, recibiendo a cambio sólo un poco de alimento crudo que, según los medios, reparten mal.
9. Finalmente, afirmo que no se trata de defender un programa per se, sino de defender el derecho a que cuando los niños lleguen al colegio donde el Estado los puede acoger –y no lo hace bien-- no hayan sufrido daño por desnutrición temprana, que los afecta de manera irreversible. Ninguna organización del planeta puede garantizar eso sin las familias mismas y las mujeres peruanas lo saben hacer. Afirmo que el mercado no es el mejor asignador de recursos en lo que a la alimentación de niños y ancianos se refiere y que el Estado debe asumir su responsabilidad en las políticas sociales respetando la idiosincrasia de la gente y no la de los burócratas y economistas neoliberales. Por último y frente a los límites y las conocidas filtraciones, propongo que el Estado financie a los especialistas de la Universidad del Pacífico (¡uno de ellos ahora es su rector!) y a otros organismos especializados para en que trabajen todos estos asuntos de la mano con las organizaciones de mujeres en procesos masivos. Será muy bueno, por ejemplo, valorizar el aporte en tiempo y dinero que ponen las mujeres por cada kilo de insumo crudo que el Estado les da.
1. La iniciativa municipal en Lima que en 1985 se convirtió en ley de la república, indicaba que toda persona menor de 6 años y las madres gestantes y nodrizas tenían la primera prioridad. No decía si debían ser personas pobres o ricas. El estimado de "un millón de vasos de leche" con que Barrantes ganó la elección en 1983 se hizo tomando en consideración a TODA la población de Lima, a condición que se organice. En San Isidro y La Molina también hubo (y seguramente hay) comités del vaso de leche. Finalmente, esos distritos tienen índices de desnutrición de 4% y 2% respectivamente.
Es evidente que las personas de mayores recursos no tenían interés ni necesidad de organizarse. Las familias de altos recursos se organizan en clubes y contratan a abogados y lobbystas para atender sus necesidades. Se trata de un subsidio universal a todo aquel que se organice, sin preguntar por sus ingresos, por el material de su vivienda, si tienen o no título de propiedad. Las mismas mujeres de los comités lucharon para que el beneficio se extienda a niños más creciditos (¿o es que el sistema de desayunos escolares llega al total de niños de los colegios que lo necesitan?), así como a los ancianos y tebecianos ¿Quién sino las mujeres --organizadas o no-- se hacen cargo de las personas enfermas o de la tercera edad? Ellas vieron en el Programa la oportunidad de alimentar a quienes son dejados a cargo de las mujeres de la casa. La señora que vimos el domingo 25 en canal 4 estaba repartiendo la leche a los vecinos. No era caridad; ellos están organizados. Que ella "no necesita" leche es tan cierto como que los parlamentarios no necesitan chofer, o que los generales no necesitan rancho, ni que las clases medias altas no necesitan el subsidio de MIVIVIENDA para comprar casas por un valor superior a 30,000 dólares. ¿Por qué no empiezan por allí? Por razones obvias, que no comparto.
2. Hoy encontramos más niños, más tebecianos (35,000 el 2007) y más ancianos. El Vaso de Leche o alimento sucedáneo es un subsidio universal que debe ampliarse para que siga siendo universal. ¿O es que quieren reducir ese derecho? La leche o alimento sucedáneo (muchas veces mejor que la leche) es la única parte del desayuno que se subsidia en las ciudades. ¿Se subsidia el sólido que la acompaña? ¿Se subsidia el arroz? ¿Se subsidia la gasolina? La respuesta oficial es: no vamos a ampliar este subsidio, vamos a repartirlo mejor, pero sólo a los más pobres que nosotros identificaremos antes de las elecciones. El programa debiera ampliarse y el insumo repartirse mejor; pero no se debe hacer sólo una de estas dos cosas. Un proceso que indique que se va ampliar el programa, pero que se requiere direccionarlo mejor pondría contentas a todas y ayudaría a solucionar los problemas actuales. Tendría que dar confianza primero y luego redireccionar las cosas.
3. Los estudios de la Universidad del Pacífico sobre la filtración han sido muy claros. Hay que leerlos bien y no sacar falsas conclusiones. La leche no se queda arriba; ella llega a los comités, pero ahora va a personas mayores de los 13 años. Si bien es cierto que algo puede quedarse en el camino, son las propias organizaciones las encargadas que el récord de denuncias policiales de alcaldes o Pronas que se quedan con la leche sea ínfimo, en relación a lo que se queda en las licitaciones que hacen las reparticiones públicas o las comisiones por compra de aviones Sukoi, de patrulleros, ambulancias y otras adquisiciones públicas. Esto se debe a la organización y vigilancia ejercida desde abajo. Concentrarse en la filtración que se produce abajo es indigno, pues no representa nada frente a la gasolina de los militares, los sueldos extra de los parlamentarios, las coimas o intercambio de favores por el cambio de uso de terrenos, las fuentes de financiamiento de los grandes candidatos, etcétera.
4. ¿Cuál es el gasto del Estado Peruano en este programa? Este es un asunto clave: El Estado gasta 362 millones de soles anuales en este subsidio alimenticio a todo el país. Ese dinero se destina única y exclusivamente a la compra de lo que los comités llaman "el insumo". ¿Va a la compra de combustible para prepararlo? No. ¿Va a la canela, el azúcar y el saborizante? No. No se gasta un centavo de esa cifra en cualquier insumo que no sea la leche o el alimento sucedáneo. Todo alcalde o regidor sabe que si el dinero no se utiliza en la compra periódica del insumo tendrá una revuelta en sus puertas. La ejecución de ese gasto es un modelo de puntualidad en el Perú.
Compárese esto con los 339 millones (apertura) aumentados a 354 del Programa de Desayuno Escolar, de los que sólo se han ejecutado 92 millones a junio de este año, según el SIAF. Según los padres de familia, ese desayuno no llega a todos los colegios. ¡Que va! Por lo demás, ese presupuesto también incluye gastos en servicios y no sólo en alimentos.
5. Pero lo más importante es que del presupuesto del Programa del Vaso de Leche no se destina un solo sol en pagos de personal ni equipo. Es como si el presupuesto del PRONAA no considerara a los choferes, a los almaceneros, a los funcionarios, a los jefezasos, a los que tienen carnet del partido de turno. No hay gastos en maternidad, en licencias por enfermedad, en vacaciones. No hay presupuesto alguno para el papel, el material de capacitación, la gasolina, el alquiler y mantenimiento de locales y almacenes. Los 362 millones de soles al año van para comprar alimentos para traerlos y para nada más. Todo lo demás es puesto por el sobre esfuerzo voluntario de las mujeres y una pequeña cuota pertenece a las municipalidades que aún no ven aumentar su esmirriado presupuesto. No se necesita ser un economista de la Universidad del Pacífico para afirmar que el costo beneficio de este programa para poner algo en la boca de los comensales, no tiene ni ha tenido parangón alguno con cualquier programa público o privado que conozca nuestro país. Poner el alimento y dejar que las comunidades hagan el resto es muy barato y eficaz.
6. La falta de personal de apoyo pagado con recursos públicos es un asunto muy grave, pues afecta la eficiencia del proceso, además de faltarle el respeto a la organización. Esta milicia de personas preparando y repartiendo alimentos no cuenta con presupuesto permanente para cursos de capacitación, para el control de peso y talla, para las medicinas de los niños que necesitan refuerzo, para complementar a un PADOMI de la tercera edad que no llega a toda esa población. ¿En qué lugar del planeta se ha visto una milicia espontánea y de nivel nacional dedicada a preparar alimentos para niños, ancianos y enfermos, que no reciba apoyo profesional competente y del más alto nivel? ¿En qué lugar se ha visto que miles de organizaciones efectúan sus procesos de elecciones sin una capacitación y el apoyo cariñoso y respetuoso de organismos tales como Transparencia o la misma ONPE (que debiera aprender a organizar procesos eleccionarios en grupos formados mayormente por mujeres que se las han tenido que ver solas en todo). ¿Hay buenos cursos de fortalecimiento de capacidades a las trabajadoras municipales que trabajan codo a codo con los comités de Vaso de Leche? ¿Se han organizado cursos regionales y nacionales para este personal? ¿Se ha premiado, se ha dado estímulo alguno al mejor personal que trabaja con los comités? ¿Se ha hecho un concurso para saber cuál es el mejor Comité de Vaso de Leche de cada región? No, no y no.
7. Si esta milicia de personas voluntarias sólo cuenta con un presupuesto para el insumo, resulta perfectamente explicable el desorden de los comités, el anquilosamiento del programa y la falta de voluntad para ampliar el programa a más ancianos y a los nuevos barrios que siguen surgiendo. De paso pregunto si esos nuevos barrios tienen agua y muros de contención. No ha habido seguimiento ni una política pública facilitadora y de capacitación a los comités. Como es normal en el mundo de las organizaciones, las personas en mejor situación económica relativa son quienes están en posibilidad de asumir las tareas del liderazgo, cuando éste es de carácter voluntario. Ellas intercambian su trabajo por prestigio social y reconocimiento en la comunidad. En el caso de las organizaciones con muchas mujeres, es quien ya crió a sus hijos y los sacó adelante o es quien tiene una renta estable quien puede dedicarle tiempo a las labores de organización. ¿Es que alguien pretende que una madre soltera que trabaja recogiendo en la calle botellas de plástico para destinarlas al reciclaje destine parte de su tiempo a la organización y las reuniones del comité? La señora que aparece frente a su domicilio repartiendo leche en el reportaje de René Gastelumendi para Cuarto Poder del 25 de julio, seguramente ya es abuela. Cualquier tasador valorará su vivienda --construida poco a poco-- en menos de lo que cuesta una camioneta cuatro por cuatro de lujo. Lo mismo se puede afirmar de la vivienda de la señora Britto, conocida lideresa fujimorista que es atacada por el hecho de haberse atrevido a poner vidrios oscuros (dizque "polarizados") frente a su casa, en donde resulta evidente que viven más de dos familias. ¿Se construyeron esas viviendas sumando tarros de leche? Tal vez una parte sí, tal vez no. ¿Las miles de dirigentas voluntarias son todas así? ¿Cómo hacen ellas para sufragar sus actividades? Los economistas no han hecho ese estudio y será mejor que no lo hagan, pues son incapaces de desentrañar lo que le cuesta a la gente organizarse y mantenerse con vida. Cuando encuentren y prueben la metodología para investigar cómo hace un funcionario de alto nivel para aumentar sus ingresos, que la apliquen después al “enriquecimiento” de quien cavó con sus manos los cimientos de una única vivienda bien pintadita y con vidrios estilo San Borja, pero con un segundo piso de pedazos de triplay. Lo que es cierto es que la primera señora entrevistada estaba repartiendo leche a sus vecinos, en vez de quedarse sentada viendo televisión en compañía de sus nietos.
8. El futuro del programa del vaso de leche no parte de la teoría de la ultra focalización que escinde "científicamente" a los pobres de los muy pobres rompiendo tejidos sociales que buscan ser sustituidos todos los días por masas de maniobra de la política actual. Por el contrario, empezará en el momento en que se valore el aporte de la comunidad organizada para velar por los suyos en una relación de estímulo mutuo que empieza por el alimento matutino y se abre a todos los campos de la vida. El futuro del Vaso de Leche parte por la decisión de trabajar con cuidado desentrañando la paja del trigo, respetando a organizaciones y personas acostumbradas a desconfiar de autoridades y políticos que las vienen usando como carne de cañón. Ese futuro estará signado por el respeto a las organizaciones de base, dando masivos cursos de capacitación, contabilizando su aporte propio en canela, en combustible y en tiempo, recibiendo a cambio sólo un poco de alimento crudo que, según los medios, reparten mal.
9. Finalmente, afirmo que no se trata de defender un programa per se, sino de defender el derecho a que cuando los niños lleguen al colegio donde el Estado los puede acoger –y no lo hace bien-- no hayan sufrido daño por desnutrición temprana, que los afecta de manera irreversible. Ninguna organización del planeta puede garantizar eso sin las familias mismas y las mujeres peruanas lo saben hacer. Afirmo que el mercado no es el mejor asignador de recursos en lo que a la alimentación de niños y ancianos se refiere y que el Estado debe asumir su responsabilidad en las políticas sociales respetando la idiosincrasia de la gente y no la de los burócratas y economistas neoliberales. Por último y frente a los límites y las conocidas filtraciones, propongo que el Estado financie a los especialistas de la Universidad del Pacífico (¡uno de ellos ahora es su rector!) y a otros organismos especializados para en que trabajen todos estos asuntos de la mano con las organizaciones de mujeres en procesos masivos. Será muy bueno, por ejemplo, valorizar el aporte en tiempo y dinero que ponen las mujeres por cada kilo de insumo crudo que el Estado les da.
Gustavo Riofrío









