COLUMNAS DE OPINIÓN 
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A nuevo mal, nuevo remedio
24 / 11 / 2008
Para luchar contra la recesión mundial, el mundo adopta un nuevo modelo económico que consiste en la expansión del gasto público en infraestructura, incluso cuando el resultado sea un déficit fiscal. La receta ha sido liderada por China y EEUU, y respaldada por el FMI. Poco antes de embarcarse hacia Lima, el presidente Hu Jintao anunció un vasto programa de inversión pública en infraestructura. Días después el presidente electo Barack Obama prometió iniciar su nuevo gobierno con una escalada de inversiones para combatir el desempleo, priorizando la construcción de viviendas económicas, la reconstrucción de caminos, puentes, colegios y la inversión en tecnología ecológica. Países como Gran Bretaña, Francia, Japón, Italia y Australia les siguen los pasos. Más allá de frenar la crisis inmediata, la receta busca poner la atención en el largo plazo, atendiendo las necesidades postergadas de infraestructura y de tecnología ambiental que se necesitan para la sobrevivencia futura.

En el Perú, la inversión pública tiene peso pluma: alcanza apenas un 3% de la producción nacional, pero su aumento serviría de punta de lanza a un programa para mitigar la ola recesiva que nos llegará del exterior. La agresiva mejora de caminos, puentes, puertos, aeropuertos, irrigaciones, desembarcaderos de pesca y redes de banda ancha sería un fuerte estímulo para la inversión privada. El cálculo de la rentabilidad de la infraestructura debe tener en cuenta un horizonte largo y el efecto multiplicador de la obra. Además, en un momento de nerviosismo, que ya se refleja en la caída de la bolsa y en alguna postergación de proyectos de expansión, un anuncio al estilo de Hu Jintao y Obama sería, para el empresario dubitativo, una importante señal de que las autoridades se han comprometido con la continuidad del crecimiento. La expansión de la infraestructura es el mejor programa social posible, por su efecto sobre el empleo y por la posibilidad de priorizar las pequeñas obras que favorecen las comunidades más pobres y alejadas. Podría aprovecharse la capacidad ejecutiva de programas como Provías, Pronamachcs y Foncodes para una rápida multiplicación de pequeñas obras. Felizmente, para pagar la obra el presupuesto público cuenta con un colchón de ahorros pasados y actuales, y de ser necesario, sería justificable incluso, incurrir en algún déficit fiscal. El costo del desempleo es ahora la amenaza mayor.


Publicado en El Comercio, 24 de noviembre de 2008


 

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